Estuviste conmigo desde que sólo era una célula en el vientre. Estuviste cuando recién empezaba a caminar, a correr, a hablar; en cada etapa de mi infancia y en mi adolescencia. Estuviste en la juventud, estás hoy en la madurez y estarás cuando ya arrastre los pies, caminando lentamente, adecuando tus pasos a los míos.
Estás aquí ahora mismo, conmigo. Si solo fuera capaz de recordar esto cuando me asaltan sentimientos de soledad o incertidumbre sobre el futuro. ¡Tantas veces se me olvida que estás a la distancia de una oración! Una oración tan corta como pronunciar tu nombre.
Hoy, en este primer día de un año recién estrenado, igual que ayer, igual que siempre, estás aquí, a mi lado. Sólo tengo que extender el brazo y tocarte el hombro, apenas, para llamar tu atención. Eso basta para que vuelvas el rostro y me mires. Y tu sola mirada es suficiente para que mi corazón se derrita de amor.
“... yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” Mateo 28:20
Autor: Patricia Edith Alvarez

Muy lindo bendiciones
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